Un travelblogger colonial: Concolorcorvo – El lazarillo de ciegos caminantes

Calixto Bustamante Carlos Inca, llamado Concolorcorvo, es un “travelblogger” colonial. La crónica de su viaje desde Buenos Aires hasta Lima entre los años 1771 y 1773, nos permite conocer los paisajes, costumbres y  tips de viajero de aquella época.

“El lazarillo de ciegos caminantes” aparece impreso en Gijón, España en 1773. Quienes estudiaron esta obra tan particular dicen que fue impresa en Lima en forma clandestina y perseguida por las autoridades.

En la portada de la edición original se señala que el texto fue sacado de las memorias de Don Alonso Carrió de la Vandera en el largo viaje que hizo como funcionario de Correos, Estafetas y Postas acompañado por Concolorcorvo quien escribió los extractos. Durante mucho tiempo se puso en duda la existencia de ambos personajes pero hoy  sabemos  fehacientemente que  fueron personas reales.

De todas maneras la pregunta del millón es “¿quién de los dos es realmente el autor del libro?” Algunos pensaron que el texto surgió como venganza de la Vandera al sentirse agraviado por sus colegas en el Perú. De tal manera el texto sería la reivindicación de un hombre honesto que con ingenio y buen humor se burla de sus enemigos. Sin embargo cuesta creer que se escribiera un libro tan largo de un viaje tan extenso y lleno de detalles solo para aludir a unas pocos individuos.

Otro detalle que hace dudar sobre la autoría del inca es que en el libro cita a Virgilio y a Gracián, transcribe a Quevedo, sabe francés y entre las novelas picarescas hace referencia a una de Guzmán de Alfarache. También compara los paisajes del camino americano con Toledo y el río Tajo de España. Toda esta información parece muy singular para un indígena del siglo XVIII por más relacionado que esté con los españoles. Los investigadores suponen a Concolorcorvo como mestizo o cholo y no “totalmente indio” y descendiente de los incas como él se decía.

Después de muchas conjeturas e investigaciones, se puede decir que la historia más cercana a la verdad es que durante los dos años que duró el viaje, Alonso Carrió de la Vandera le tomó afecto a su acompañante y éste se ganó la confianza del visitador. Aquel secretario indígena contó divertidas historias de las que matan el tiempo y alivian la fatiga del viajero mientras que el funcionario confesaba a Concolorcorvo sus desazones y la red de intrigas que se creaba contra él a medida que avanzaba organizando postas y correos. Parece llegar un momento en que ambos comparten un mismo sentimiento de repudio por los abusos del régimen colonial.

Y así, a través de informes y cartas que el visitador escribe a sus superiores, quizás va tomando forma”El Lazarillo”: un entretenido libro de viajes, con memoria oficial, chascarrillos y sarcasmos. El visitador advierte que no puede publicar y firmar todo aquello, entonces lo pone en boca de su fiel servidor que ya tiene seudónimo y se llama “Concolorcorvo”. Bustamante que admira al visitador se encargaría de arreglar todo en una imprenta de Lima para que sus andanzas desde Buenos Aires se dieran a conocer.

El libro en sus propias palabras

“Quisiera preguntar a los señores pasajeros, así europeos como americanos ¿el fruto que sacan de sus arrogancias? Yo creo que no consiguen otra cosa que el de ser peor servidos y exponerse a una sublevación lastimosa. Cualquier maestro de postas puede burlar a un pasajero deteniéndolo tres y cuatro días porque le sobran pretextos bien o mal fundados.”

“Lo contrario sucede en las punas rígidas, adonde el aire es sumamente seco y recogiéndose todo el calor al estómago, fatiga mucho la respiración y causa una especie de mareo, como el que acomete a muchos navegantes, que solamente se quita con beber el agua fría y tomar algunos caldos de carne o gallina, con bastante ají (…) como en el imperio de México (…) no curar los empachos más que con huevos fritos con agua y sal, con mucho chile molido, que equivale a nuestro ají y en España al pimentón…”

“Los viajeros (aquí entro yo) respecto de los historiadores, son lo mismo que los lazarillos en comparación de los ciegos. (…) mis observaciones se han reducido a dar una idea a los caminantes bisoños del camino real desde Buenos Aires a esta capital de Lima, con algunas advertencias que pueden ser útiles a los caminantes y de algún socorro y alivio a las personas provistas en empleos para este dilatado virreinato…”

(acerca de la Buenos Aires de 1771) “Todos los perros, que son muchísimos, sin distinción de amos, están tan gordos que apenas se pueden mover y los ratones salen de noche por las calles, a tomar el fresco, en competentes destacamentos, porque en la casa más pobre les sobra carne, y también se mantienen de huevos y pollos (…) Las aguas de río son turbias pero reposadas en unos tinajones grandes de barro (…) se clarifican y son excelentes aunque se guarden varios días.”

“Todo el país de Buenos Aires y su jurisdicción es sanísimo y creo que las dos tercias partes de los que mueren son de caídas de caballos y cornadas de toros, que los estropean, y como no hay buenos cirujanos ni medicamentos, son éstas las principales enfermedades que padecen y mueren.”

Acuarela de Vidal 1816/17 vista al fuerte de Buenos Aires y personas y lavanderas en el río

“…en el paraje nombrado del Carcarañar, por haber vivido en él un cacique de este nombre, no tiene más habitantes que multitud de avestruces. En toda esta travesía no hay agua en tiempo de seca…”

“Tres leguas antes de entrar a Córdoba da principio el espeso monte hasta concluir su jurisdicción. De sus cercanías se provee la ciudad de leña seca en carretilas, que vale cada una cuatro reales que es suficiente para el gasto de un mes en una casa de regular economía. También se sacan del interior del monte palos para techar las casas y fábrica de varios muebles.”

“Es digno de reparo que una provincia tan dilatada y en que se comercian todos los años más de seiscientos mil pesos en mulas y vacas, con gran utilidad de tratantes y dueños de potreros, estén las iglesias tan indecentes que causa irreverencia entrar en ellas.”

“A mi tránsito se estaban vendiendo en Córdoba dos mil negros (…) he visto las listas (…) que las hay desde dos hasta once todos negros puros y criollos hasta la cuarta generación porque los regulares vendían  todas aquellas criaturas que salían con mezcla de español, mulato o indio. (…) Me aseguraron que sólo las religiosas de Santa Teresa tenían una ranchería de trescientos esclavos de ambos sexos…”

“En el Rosario que dista trece leguas del Pozo del Pescado,  se situó la primera posta de esta jurisdicción y dará caballos el mayordomo de la hacienda. Hay pulpería y deteniéndose algún tiempo se amasará pan, porque no lo hay de continuo.”

“…más adelante, como a un tiro de fusil…”

“…dista un tiro de piedra…”

“Al capataz no se le pone límite porque regularmente es hombre de honor, y con corta diferencia sucede lo propio con su ayudante.”

Carretas tucumanas – Siglo XVIII

“Los capataces por quedar bien con el dueño de la tropa suelen hacer una maniobra (…) viéndose con su tropa debilitada por flaca (…) procuran alcanzar a la que va una jornada o dos delante o esperar a la que viene atrás si la consideran robusta y en una noche oscura mezclan su tropa flaca con la de otro y por la mañana se hallan más de cuatro mil mulas juntas en un propio pastoreo, no teniendo otro recurso, capataces, ayudantes y peones,  que el de estrechar las dos tropas y repartirlas por puntas o pelotones. (…) El que introdujo su ganado flaco jamás puede ser engañado ni dejar de mejorarse.”

“También extrañamos mucho los extravagantes nombres de los hombres y mujeres pero el buen viejo nos dijo que eran de santos nuevos que había introducido el doctor Don Cosme Bueno en su calendario y que por lo regular los santos nuevos hacían más milagros que los antiguos que ya estaban cansados de pedir a Dios por hombres y mujeres…”

“La salida de Oruro se hace sobre una pampa salitrosa de más de cuatro leguas que en tiempo de seca  se caminan a trote en dos horas y media, pero en tiempo de aguas se hacen unos atolladeros arriesgados y lagunillas en los pozos que tiene.”

“La segunda posta está situada en un corto pueblo nombrado Tiay-Guanaco que significa “siéntate guanaco” que es un animal que corre tanto como un venado. Este nombre quedó de uno de los incas que hallándose en aquel sitio recibió un correo con tanta velocidad como si lo hubiera conducido un guanaco.”

“…aunque aquellos tienen el color ceniciento y Vds de ala de cuervo” “por eso acaso se me puso el renombre de Concolorcorvo” “Sí, señor”, me dijo. (…) he de perpetuar en mi casa este apellido como lo hicieron mis antepasados con el de Carlos que no es tan sonoro y significativo: ¡Concolorcorvo! es un término retumbante y capaz de atronar un ejército numeroso y de competir con el Manco-Capac, que siempre me chocó tanto, como el de Miramamolín de Marruecos.”


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