Viajes con Charley – En busca de Estados Unidos

En 1960 el escritor John Steinbeck, de 58 años de edad, hizo un recorrido de 16000km por 34 estados de Estados Unidos junto a su perro Charley en una furgoneta llamada Rocinante.

Steinbeck es mi autor favorito. Su experiencia de viajero y además acompañado de un perro era una propuesta literaria que no podía dejar pasar. Ya sabes que no me gustan las reseñas y que prefiero siempre cuando comparto un libro que me gustó, dejar que lo descubras y que te atrape a través de sus propias palabras.  Al final del post encontrarás el enlace para leer gratis “Viajes con Charley” online o descargarlo.

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National Steinbeck Center

Charley, el viajero de 4 patas

“…llevé en mi viaje un acompañante: un caniche francés viejo y caballeroso llamado Charley. Bueno, se llama en realidad Charles le Chien. Nació en Bercy, en los arrabales de París, y se educó en Francia, y aunque sabe un poco de inglés caniche, solo responde con rapidez a órdenes en francés. Si no, tiene que traducir y eso le retrasa. Es un caniche muy grande, de un color llamado bleu, y es azul de verdad cuando está limpio. Charley es un diplomático nato. Prefiere la negociación a la lucha, lo que es una suerte, porque lo de luchar se le da muy mal. Solo una vez en sus diez años de vida ha tenido problemas: cuando se encontró con un perro que se negó a negociar. Perdió en esa ocasión una parte de la oreja derecha. Pero es un buen perro guardián… tiene un rugido como el de un león, destinado a ocultar a los extraños que vagan en la noche el hecho de que no sería capaz de salir a mordiscos de un cornet de papier. Es un buen amigo y compañero de viaje, y no hay cosa que le guste más que andar de aquí para allá. Si tiene una gran presencia en esta crónica se debe a que aportó mucho al viaje. Un perro, sobre todo uno exótico como Charley, es un vínculo entre desconocidos. Muchas conversaciones en ruta empezaron con «¿De qué raza es ese perro?»”

“Charley es un perro alto. Cuando se sentaba en el asiento de al lado, su cabeza quedaba casi a la misma altura que la mía. Acercó su nariz a mi oído y dijo: «Ftt». Es el único perro que he conocido capaz de pronunciar la letra F. Esto se debe a que tiene los dientes delanteros torcidos, una tragedia por la que le están vedadas las exhibiciones caninas; debido a que sus dientes delanteros superiores encajan levemente en el labio inferior, Charley puede pronunciar F. La palabra «Ftt» significa normalmente que le gustaría saludar a un matorral o a un árbol. Abrí la puerta de la cabina y le dejé salir y se entregó a su ceremonia.”

“Lo que resultaba maravilloso era que pudiese llegar de nuevo a una tranquila carretera rural bordeada de árboles, con campos vallados y vacas, y pudiese aparcar a Rocinante a la orilla de un lago de agua clara y limpia y ver arriba en el cielo las flechas de patos y gansos volando hacia el sur. Allí Charley podía leer con su delicada nariz exploradora su propia literatura particular en matorrales y troncos de árboles, y dejar su mensaje, quizá tan importante en el tiempo infinito como estos garabatos que trazo yo con la pluma sobre papel efímero. “

“Charley tuvo que ir a una residencia canina para que se hicieran cargo de él y lo bañaran y lo acicalaran. A pesar de la edad que tiene, aún es un perro vanidoso y le encanta estar guapo, pero cuando se dio cuenta de que se le iba a dejar solo, y en Chicago, se desmoronó su aplomo habitual y lloró de rabia y de desesperación. Yo me tapé los oídos y me fui rápidamente al hotel.”

“Era solo media mañana, pero me preparé una comida suntuosa, aunque no recuerdo lo que fue. Y Charley, que aún tenía vestigios de su acicalamiento de Chicago, se metió en el agua y volvió a recuperar su viejo yo sucio.”

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“Le cuesta trabajo tumbarse. Cuando era pequeño le atropelló un coche y le rompió la cadera. Estuvo escayolado mucho tiempo. Ahora, a su avanzada edad, le molesta la cadera cuando está cansado. Después de una marcha demasiado larga, cojea de la pata trasera derecha. Pero, debido a ese giro prolongado que tiene que hacer para tumbarse, le llamamos a veces el caniche giratorio…

“De nuevo en casa, se desplomó en el suelo y apoyó la barbilla en las patas.
—Sube a la cama, Charley. Seamos desgraciados juntos.
Accedió, pero sin entusiasmo, y le acaricié con los dedos en el copete y detrás de las orejas, como le gusta a él.”

“Recogí a Charley en casa del buen veterinario. Parecía tener la mitad de los años que tenía y se sentía maravillosamente, y corrió y dio saltos y volteretas, y se rió y lanzó pequeños yupis de puro gozo para demostrarlo. Era muy grato tenerle conmigo de nuevo, sentado allí en el asiento de al lado, mirando al frente, hacia la carretera que iba desplegándose delante, o acurrucado para dormir con la cabeza en mi regazo y sus estúpidas orejas disponibles para acariciarlas.”

Rocinante, el viajero de 4 ruedas

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Rocinante en National Steinbeck Center -Imagen:https://everywhereonce.com

“Bajo los grandes robles de mi casa de Sag Harbor estaba Rocinante, bello y autónomo, y venían vecinos de visita, algunos que ni siquiera sabíamos que existían. Vi en sus ojos algo que había de ver una y otra vez en todas las partes del país: un deseo ardiente de irse, de marchar, de ponerse en camino, hacia cualquier lugar, lejos de cualquier Aquí. Hablaban quedamente de que querían irse algún día, andar por ahí, libres y desligados, no camino de algo sino alejándose de algo. Vi esa mirada y oí ese anhelo en todas partes de todos los estados que visité. Casi todos los estadounidenses están deseosos de irse. “

“Se me advirtió que el nombre de Rocinante pintado en un lado de la camioneta con caligrafía española del siglo XVI provocaría curiosidad e  investigaciones en algunos lugares. No sé cuánta gente reconoció el nombre, pero lo cierto es que nadie hizo ni una sola pregunta sobre él.”

El escritor viajero

“Creo que nuestra capacidad de autoengaño es ilimitada. Sabía muy bien que raras veces tomo notas, y que si lo hago, o las pierdo o no puedo leerlas después. Sabía también, con treinta años de profesión, que no puedo escribir en el calor del momento. Tiene que fermentar. He de hacer lo que un amigo llama «darle vueltas» un tiempo hasta que baje. Y a pesar de conocerme tan bien equipé a Rocinante con material de escribir suficiente para diez volúmenes. Incluí también sesenta kilos de esos libros que nunca llegas a leer… y no sería capaz de hacerlo tampoco en el viaje, por supuesto. (…)  Según mis cálculos actuales llevé aproximadamente cuatro veces más de lo necesario de todo.

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“Hay otro tipo de viajeros que necesitan saber en cada momento dónde están exactamente sobre el mapa, como si las líneas negras y rojas, las indicaciones punteadas y el azul desvaído de los lagos y los sombreados que indican las montañas proporcionasen algún tipo de seguridad. A mí no me pasa eso. Yo nací perdido, y no me causa ningún placer que me encuentren, ni me siento demasiado identificado con los contornos que simbolizan continentes y estados.”

“He visto una mirada especial en los ojos de los perros, una mirada fugaz de desprecio asombrado, y estoy convencido de que los perros piensan que los humanos están locos.”

El viaje

“Mi plan era claro, conciso y razonable, creo yo. He viajado por diversas partes del mundo durante muchos años. En Estados Unidos vivo en Nueva York, o me voy a Chicago o a San Francisco. Pero Nueva York no es más los Estados Unidos de lo que París es Francia o Londres es Inglaterra. Así que descubrí que no conocía mi propio país. Yo, un escritor estadounidense, que escribía sobre Estados Unidos, estaba trabajando de memoria, y la memoria es en el mejor de los casos un depósito defectuoso y deformado. No había oído el habla del país, ni olido la hierba ni los árboles ni las alcantarillas, ni visto sus cerros ni sus aguas, ni su color ni la calidad de su luz. Sabía de los cambios sólo por los libros y los periódicos. Pero, aparte de eso, llevaba veinticinco años sin sentir el país”

“Yo quería ir hasta la cumbrera de Maine para empezar mi viaje antes de girar hacia el oeste. Parecía que eso lo dotaba de un plan, y en este mundo ha de haber un plan en todo para que la mente humana lo acepte. Pero ha de haber además un propósito, porque si no es la conciencia humana la que lo rechaza. Maine era mi plan, las patatas mi propósito. “

Mi embajador para establecer relaciones con gente desconocida es Charley. Lo suelto y se lanza hacia el objetivo, o más bien hacia lo que el objetivo pudiese estar preparando para cenar. Luego voy a por él para que no moleste a los vecinos… et voilà! Un niño puede servir también para eso, pero un perro es mejor. 

“El guarda volvió poco después de salir el sol. Traía una caña, y yo saqué la mía y le coloqué un carrete, y tuve que buscar las gafas para engancharlas en la visera pintada de un color claro. El sedal de monofilamento es transparente, dicen que es invisible para los peces, y sin las gafas también completamente invisible para mí.”

“Un animal que descansa en un sitio o pasa por él deja hierba aplastada, huellas y quizá excrementos, pero un ser humano que ocupa una habitación una noche deja impresos su carácter, su biografía, su historia reciente y, a veces, sus esperanzas y planes para el futuro. “

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Imagen: http://www.visualizamos.es/cartografia-de-un-libro/ – Click en la imagen para ampliar

“Vi al borde de la carretera un establecimiento muy grande, el mayor distribuidor de conchas marinas del mundo… y esto en Wisconsin, que no ha visto un mar desde tiempos precámbricos.”

“Es curioso que un lugar no visitado pueda fijarse tanto en el pensamiento que solo el nombre despierte algo en ti. Un lugar con el que a mí me pasa eso es Fargo, Dakota del Norte. Puede que el primer impacto fuese el nombre Wells-Fargo, pero desde luego mi interés va más allá de eso. Si cogéis un mapa de los Estados Unidos y lo dobláis por la mitad, el borde occidental contra el oriental, y apretáis bien por el doblez, justo en ese doblez estará Fargo. “

“Tener un acompañante te fija en el tiempo, y concretamente en el presente, pero cuando el carácter de la soledad se asienta, pasado, presente y futuro fluyen todos juntos. Un recuerdo, un acontecimiento del presente y una previsión están todos igual de presentes. “

“Antes de dormirme extendí el mapa en la cama, un mapa que estaba todo pisoteado por Charley. “

“Y allí sentado, detrás del volante, me enfrenté a lo que había estado
ocultándome a mí mismo. Estaba «conduciéndome», machacando los
kilómetros porque no oía ni veía ya. Había superado mi límite de asimilación o, como un hombre que sigue atracándose de comida cuando ya está harto, no me sentía capaz de asimilar lo que me iba entrando por los ojos. Cada colina se parecía a la que acababa de pasar. He sentido lo mismo en el Prado de Madrid después de ver un centenar de cuadros: la incapacidad empachada y desvalida de ver más. “

Reflexiones de viaje

“Me acuerdo de un hombre de Salinas que hizo un viaje a Honolulú ya en su edad madura y volvió y ese viaje continuó durante el resto de su vida. Le veíamos en la mecedora del porche delantero de su casa, los ojos entornados, semicerrados, viajando interminablemente a Honolulú.”

“Especulé con cierto asombro sobre la fuerza de la individualidad de los viajes y me detuve en el postulado de que la gente no hace viajes, de que son los viajes los que hacen a la gente. “


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El autor

American author John Steinbeck, takes a rest from intense work on a new novel in an undated photo. (AP Photo)
John Steinbeck, (AP Photo)

 John Ernst Steinbeck, Jr. (Salinas, 1902 – Nueva York, 1968) escritor estadounidense ganador del Premio Nobel de Literatura en 1962 y autor de  novelas como “De ratones y hombres”, “Las uvas de la ira” (considerada su mejor obra), “La perla” y “Al este del Edén”.

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