Leyendas de Puebla: La Casa del Perro


La «Casa del Perro» está ubicada frente al Parque de Santa Inés en un entorno donde conviven las leyendas urbanas, el olor del pan recién salido del horno y la música del mariachi.

Cuenta la leyenda que la familia de Don Juan Illescas llegó a Puebla durante la Santa Inquisición, buscando un lugar nuevo para vivir. Un mesonero de la ciudad les comentó que las monjas del convento de Santa Inés podrían tener algún inmueble en renta. De esa manera llegaron a una casa de dos niveles en la esquina de las actuales calles 9 Poniente y 3 Sur del Centro Histórico de la ciudad de Puebla y enseguida notaron que en lo más alto de la construcción había una estatua de un perro que causaba el interés de todos los que pasaban por allí.

Con el correr de los meses, la familia Illescas se hizo popular entre la nobleza poblana. Don Juan Illescas era un comerciante reconocido entre la población de esa época, hasta que descubrieron que en realidad era un judío encubierto, que había mentido sobre sus verdaderos orígenes y que por ello huyó de España. Enseguida fue arrestado por el inquisidor local y llevado a un calabozo como castigo.

Se dice que la misma noche del arresto, Sara, esposa de Juan Illescas, tuvo una pesadilla donde vio unos enormes ojos rojos que la seguían hasta su habitación. Entonces despertó y vio a un perro mastín parado en la puerta de su cuarto. El animal, sin intención de dañarla, comenzó a moverse para que lo siguiera y la condujo hasta una pared de donde salía un rayo de luz. Sara comenzó a excavar el muro hasta que encontró el cadáver de un perro, que tenía una leyenda que decía: “Al único amigo que tuve” y debajo de él había un enorme cofre lleno de monedas de oro. Después del hallazgo, esa misma noche, Juan desapareció de la cárcel y no se volvió a saber nada de la familia Illescas.

Se dice que antes de que fuera habitada por los Illescas, la casa perteneció a uno de los conquistadores españoles que dominó Tepeaca. Durante la rebelión, los españoles utilizaban a perros feroces para atacar a los indígenas en sus partes nobles. Se decía que el “aperramiento” de nativos fue una de las diversiones favoritas de este conquistador y que por ello, había colocado la figura del perro en las alturas de su casa.

Otras versionas aseguran que la estatua era hueca y que el propietario de la casa había encontrado un tesoro y por eso no había quitado al perro.

El perro antes del temblor del 2017
Foto: Luis Enrique G.S.

Durante el temblor del 19 de septiembre de 2017, la misteriosa imagen del perro se cayó y los vecinos, sabiendo que la estatua era ya un ícono de ese lugar, hicieron una colecta, y reemplazaron el original can de barro por uno fabricado con materiales más resistentes y, además, lo anclaron con varillas para que no se vuelva a caer.

Si visitas este curioso punto de la ciudad de Puebla no olvides tomarte la foto con el perro y con la escultura «El Marmolejo afinando su trompeta», obra del escultor Sergio Abarca, ubicada en una de las bancas del Parque de Santa Inés.


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